El primer paso para mejorar la habilidad de escuchar es tomar conciencia de nuestros hábitos durante la conversación. La mayoría no reconoce que pone barreras, como por ejemplo:

 

Juzgar: No hay nada malo en valorar y discriminar las ideas que se están poniendo encima de la mesa, pero es mejor retrasar el juicio hasta que hayamos comprendido totalmente lo que la otra persona intenta explicar

 

Interrumpir: Cuando no permitimos que la otra persona complete su pensamiento, es que no estamos escuchando. Casi siempre es por impaciencia, o porque se cree que la otra persona habla demasiado e impide el diálogo. En lugar de cortarla, es mejor explicárselo amablemente  para que lo tenga en cuenta.

Realizar conclusiones adelantadas, es fácil creer que hemos comprendido todo, basándonos en unos pocos detalles. Ocurre porque creemos identificar ciertos patrones, pero puede ser una trampa. Un poco más de información puede cambiar la comprensión del problema en cuestión. Por otra parte, con frecuencia nos implicamos en los problemas de los demás cuando,  en realidad, no  nos concierne. Esta es una de las principales causas de ruptura en las relaciones.

 

Escuchar selectivamente: Tendemos a oír aquello que esperamos o necesitamos. El resto, ni lo oímos, ni lo escuchamos. Si nos falta confianza, oímos las palabras que, mal interpretadas, puedan confirmar el prejuicio negativo sobre nosotros mismos. También, es posible que no percibamos cualquier cosa que suene a crítica o desfavorable, porque la interpretamos como una amenaza potencial. No obstante, la escucha selectiva es, en cierto grado, inevitable. Lo que debemos hacer es analizarnos para  detectar qué decidimos oír y qué obviamos, cuáles son nuestras razones y  cómo perjudican la comunicación.

 

Aconsejar: Algunos creen que deben resolver todas las dudas que les exponen en una conversación. No es así. La otra persona puede estar pensando en voz alta ante alguien de quien espera que le apoye con su presencia. De hecho, el consejo puede no ser esperado ni bien recibido. Un buen escuchador, simplemente ofrece consejo solo cuando se lo piden.

 

No prestar suficiente atención: Es necesario hacer un esfuerzo para controlar la mente que vaga entre distracciones y planes personales. Si el aburrimiento es el problema, la solución es estar más implicado en la conversación. Si por cualquier razón, no nos resulta posible concentrarnos, conviene reconocer que no es el mejor momento para hablar. Escuchar no es cuestión de resistir en silencio.

 

Recopilado por: Andrea Donoso             

 

 

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